Uribia: Historia
=== Fundación ===
En el marco de la llamada Revolución en Marcha y de la guerra con el Perú en la frontera selvática de Leticia durante los años 30 del siglo XX, el gobierno colombiano se vio en la necesidad de promover la unidad nacional. Fue así como el presidente Alfonso López Pumarejo, recordado por haber invertido como ningún otro presidente en la región Caribe de Colombia, aceleró la integración de los Wayúus y del territorio de La Guajira a la nación colombiana.
La estrategia de integración nacional incluyó la civilización del espacio, por lo que se empezó a darle nombres de tradición liberal al territorio wayúu. De allí que a la «capital indígena de Colombia», la antigua ranchería wayúu de Ichitki se la refundara con el nombre de Uribia, en 1935, en honor al caudillo liberal Rafael Uribe Uribe. En el centro de la aldea se creó la Plaza Colombia, con el busto del Hombre de las Leyes, general Francisco de Paula Santander, y «un elegante obelisco, dedicado a mantener, a la altura de veinte metros, el pabellón colombiano». De la plaza, que tenía forma octogonal, se formaron «ocho modernas avenidas», con nombres como Alfonso López, Bolívar, Rondón, Bogotá, La Marina, etc. También se promovió la construcción de edificios gubernamentales.
El capitán manizalita Eduardo Londoño Villegas, quien participó en representación el gobierno nacional en la fundación, escribió que «la fundación de Uribia había sido un acontecimiento de la mayor trascendencia en la vida salvaje de la Guajira». Con la fundación de Uribia, la larga experiencia histórica por el dominio de los Wayúus alcanzó un hito. El capitán Londoño, quien para conquistar la voluntad de los Wayúus llegó a usar guayuco, recordó la fundación de Uribia como un conquistador: «Los indios me tratan con un respeto y unas consideraciones casi monárquicas. Cuando llegó a una ranchería, el jefe de la tribu me recibe con honores reales, el mejor rancho, la mejor hamaca y la mejor comida son para mí. Me parece a veces que me encuentro en un siglo distante, allá por los días de la conquista, incrustado en un capítulo de aventuras inverosímiles».