San Pedro Sacatepéquez (San Marcos): Historia
La primera noticia documentada que se tiene de San Pedro Sacatepéquez data del 1 de mayo de 1543, cuando en Barcelona, España se emitió una Real Cédula en la que el emperador Carlos V agradecía los servicios prestados —conforme a la relación hecha— por los caciques de los pueblos de Sacatepéquez en lo referente a Lacandón y la Verapaz durante las Capitulaciones de Tezulutlán, concediéndoles privilegios especiales.
Después de la conquista española en la década de 1520, en 1565 se creó la provincia mercedaria de la «Presentación de Guatemala». Originalmente los mercedarios habían obtenido del obispo Francisco Marroquín varios curatos en el valle de Sacatepéquez y Chilmatenango pero los cambiaron con los dominicos por el área de la Sierra de los Cuchumatanes. Durante la primera parte del siglo xvii tenían a su cargo la evangelización de algunos pueblos alrededor de la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala que con el paso del tiempo pasaron a formar parte de la ciudad; de esta forma, la capital, Santiago, funcionaba como la cabecera de su encomienda y vicaría regional; además también estaba el convento principal que asistía al comendador, cura y coadjutor de la orden.
La Corona española dio prioridad a la catequización de los indígenas; las congregaciones fundadas por los misioneros reales en el Nuevo Mundo fueron llamadas «doctrinas de indios» o simplemente «doctrinas». Originalmente, los frailes tenían únicamente una misión temporal: enseñarle la fe católica a los indígenas para luego dar paso a parroquias seculares como las establecidas en España. Con este fin, los frailes debían enseñar los evangelios y el idioma español a los nativos. Cuando los indígenas estuvieran catequizados y hablaran español, podrían empezar a vivir en parroquias y a contribuir con el diezmo, como hacían los peninsulares.
Pero este plan nunca se llevó a cabo, principalmente porque la corona perdió el control de las órdenes regulares tan pronto como los miembros de éstas se embarcaron para América; además, los indígenas nunca llegaron a entender el catolicismo correctamente porque este era de por sí un concepto sumamente complejo. Por otra parte, protegidos por sus privilegios apostólicos para ayudar a la conversión de los indígenas, los misionares solamente atendieron a la autoridad de sus priores y provinciales y no a la de las autoridades españolas ni a las de los obispos. Los provinciales de las órdenes, a su vez, únicamente rendían cuentas a los superiores de su orden y no a la corona; una vez habían establecido una doctrina protegían sus intereses en ella, incluso en contra de los intereses del rey, y de esta forma las doctrinas pasaron a ser pueblos de indios que quedaron establecidos para todo el resto de la colonia.
Las «doctrinas» fueron fundadas a discreción de los frailes ya que tenían libertad completa para establecer comunidades para catequizar a los indígenas con la esperanza de que estas pasaran con el tiempo a la jurisdicción de una parroquia secular a la que se le pagaría el diezmo. En realidad, lo que ocurrió fue que las «doctrinas» crecieron sin control y nunca pasaron a depender de las parroquias. …