Provincia de Carabaya: Historia
Los primeros autores americanos designan este antiquísimo pueblo-territorio como el pueblo de los callahuayas, carwayas, calabayas, carabayas, kallawayas, etc. Todos topónimos del mismo lugar para diferenciarlo de los igualmente viejos canchis, chunchos, canas, omasuyos, collas, muxus, u otros pueblos que existieron y cuyos vestigios todavía sobreviven entre Cusco, Madre de Dios, Larecaja, La Paz, Beni, Pando y Puno actuales.
Como provincia, este territorio muestra evidencias de haber sido habitada por una población que se desarrolló alejada y distinta del influjo de los canchis de Sicuani (de hoy), de los canas (en Canas) o la de los chunchos de Madre de Dios (también de hoy) y Larecaja (Bolivia), y casi sin contacto con los relativamente alejados collas de Puno y omasuyos (Bolivia). Culturas circundantes con las que comerciaban e interrelacionaban desde tiempos preíncas hasta mediados del siglo XX (veinte), en ese orden prioritario en cuanto a volumen comercial, y con ese orden de frecuencia o afinidad. Como respuesta a las agresiones y sufrimientos infligidos por la dura geografía, este pueblo ha logrado sobrevivir creando un rico acervo intangible de artes y saberes que conformaban y conforman una cultura propia de su comarca. Uno de los reconocimientos más singulares de ese aporte consiste en la identificación cultural curanderil que se promociona con asiduidad en el ámbito regional desde mediados del siglo XVIII (aprox). Aparentemente, luego del boom de la quina, árbol cuyas variedades locales se destacaron por la calidad del antipalúdico quinina que contenían.
Dada su ubicación, durante el virreinato del Perú, dicho territorio fue materia de diversas expediciones encaminadas a ubicar la legendaria ciudad perdida de Paititi, las mismas que dejaron su huella en el establecimiento de ciudades y postas de misioneros. Conocidas son las expediciones de Pedro de Candia, Anzúrez, Ñuflo de Chávez, Álvarez Maldonado, Recio de León y Diego de Zecenarro, las mismas que habrían de sentar las bases para incorporar dichos territorios al Perú, durante el conflicto limítrofe suscitado con Bolivia en los primeros años del siglo XX.
Parte de este territorio de origen preínca (sin delimitación precisa ad integrum), se asigna a la jurisdicción política de Puno en fecha de su creación como intendencia (nov. 1776), aunque clericalmente nunca dejaría de pertenecer al obispado del Cusco.