San Jerónimo (Baja Verapaz): Historia
Después de la conquista de las Verapaces por los españoles, la Hacienda de San Jerónimo se creó en el cuidado de los frailes de la Orden de Predicadores. Originalmente, los dominicos Luis de Cáncer, O.P., Bartolomé de las Casas,O.P., Luis de Ladrada, O.P. y Pedro Angulo, O.P. llegaron al Valle de San Jerónimo como parte de las Capitulaciones de Tezulutlán. Fray Luis de Cáncer, O.P. ordenó la construcción de la Iglesia en el año 1537 y en octubre del mismo año, llevó la noticia a la capital del Reino de Guatemala.
El convento de San Jerónimo fue fundado entre los años 1540 y 1550 en el siglo xvi y la primera plantación de azúcar en América Central fue fundada en San Jerónimo en 1601 por Rafael Luján. Originalmente el área del convento servía sólo para ganado cuando lo recibieron en donación en 1579, pero los dominicos la utilizaron para cultivar caña de azúcar; un ingenio azucarero requería una inversión inicial mucho mayor que un obraje de añil o una estancia ganadera por lo que solamente las órdenes regulares podían invertir en ellos.
La hacienda ya producía 3,125 arrobas de azúcar en 1769 y entre 2,800 y 4,400 arrobas en los primeros años del siglo xix La hacienda ofrecía un beneficio neto de 5,555 pesos en 1776 y más de 6,500 en 1805, debido a las fluctuaciones del mercado del azúcar. Los dominicos invirtieron considerablemente en mobiliario, pues disponían de un ingenio, hornos y calderas y las obras en repartimiento de agua, que estaban valoradas en más de 8,000 pesos. En 1769, la hacienda albergaba más de cinco mil cabezas de ganado, en una extensión —sin sus estancias de cría de ganado— de ciento sesenta y ocho caballerías pero en total las tierras útiles de la hacienda se calculan en 900 caballerías, 70 de riego a 200 pesos y las 830 a 100 pesos. La hacienda contaba con un excelente suministro de agua y el convento de los frailes, de sólida construcción, tenía una iglesia contigua y un extenso sistema de túneles y acueductos de irrigación. Tanto la ubicación como el clima eran ideales para la plantación de viñedos; la gramilla seca y delgada y la arcilla rajada, tan características del suelo del valle de Salamá, desaparecieron gracias al ingenioso sistema de irrigación que construyeron los frailes, quienes perfeccionaron la producción de vino en su doctrina. Los dominicos además contaban con las haciendas de Payaque y Llano Grande, que pertenecían al mismo convento y con las que el ingenio surtía de carne y maíz; por otra parte, tenían la hacienda de San Nicolás, con más de mil cabezas de ganando, perteneciente al convento de Cobán.
Ahora bien, debido a las dimensiones de la hacienda, los dominicos entraron en conflicto con los indígenas de los pueblos vecinos, pues estos veían como sus propiedades quedaban cercadas por la finca de los religiosos, a veces sin respetar la legua cuadrada que por ley les correspondía de colindancia. En cuanto a la mano de obra, los frailes tenían numerosos esclavos negros e indígenas de repartimiento trabajando para ellos; de hecho, junto con las otras órdenes regulares abogaron para que la institución del repartimiento forzoso de indígenas no se aboliera a mediados del siglo xviii. …