Santa María de Jesús: Historia
=== Época colonial ===
En el siglo xvi ya se hace referencia a esta región, ya que una de las actividades más importantes que se desempeñaban durante el período de la colonia española en este lugar consistía en llevar hielo a la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala —capital de la Capitanía General—, el cual extraían de la cumbre del volcán de Agua.
Luego de la Independencia de Centroamérica en 1821, el Estado de Guatemala estableció circuitos y distritos para la impartición de justicia por medio de juicios de jurados en 1825. Santa María fue adjudicado al circuito de la Antigua en el Distrito N.º8 (Sacatepéquez), el cual también incluía a la Antigua Guatemala, San Cristóbal Alto, San Miguel Milpas Altas, Santa Ana, Magdalena, San Juan Cascón, Santa Lucía, Santo Tomás, Embaulada, Santiago, San Mateo, San Lucas, Pastores, Cauque, San Bartolomé, San Felipe, Ciudad Vieja, San Pedro Las Huertas, Alotenango, San Lorenzo, Jocotenango, Dueñas, Zamora, Urías, Santa Catalina, San Andrés y San Bartolomé Aguas Calientes, San Antonio y San Juan del Obispo.
En enero de 1881 el arqueólogo Alfred Percival Maudslay llegó a Santa María de Jesús para escalar el volcán de Agua, cosa que hizo a pie desde el poblado, pero desafortunadamente, al llegar a la cima el área estaba nublada y no pudo tomar fotografía de los paisajes; solamente los conos de los volcanes eran visibles. Regresó el día de Año Nuevo de 1892 y esta vez logró tomar fotos desde varios puntos de las faldas del volcán. Finalmente, en 1895, Maudslay regresó por última vez, acompañado de su esposa, Anne Cary Maudslay, quien relató su aventura en el libro A glimpse at Guatemala, desde una perspectiva Victoriana. El ascenso fue de aproximadamente mil seiscientos metros a partir de Santa María de Jesús, en donde pasaron la noche; el viaje desde Antigua Guatemala hasta Santa María de Jesús lo hicieron lentamente a lomo de mula mientras escuchaban en la lejanía las campanas de las iglesias de las aldeas cercanas. Anne Maudslay describió así su llegada al poblado: «Pasamos por una miserable callejuela de la aldea, y entramos por un pretencioso marco de puerta a la gran plaza vacía. Una gran iglesia [sin la belleza de las encontradas en Antigua] estaba frente a nosotros, y a su izquierda se miraba el achatado cabildo. El resto de la plaza tendría que haber estado rodeado por paredones, pero estas adiciones eran claramente superfluas para los indígenas, pues no había puerta en el acceso que recién cruzamos, la mitad de la pared occidental estaba derrumbada y la pared del sur no se había construido aún. Fuera de la plaza, la aldea se componía de las chozas de paja de los nativos.»
Continúa Anne Maudslay: «La vida de la aldea giraba en torno a la fuente que esta en el centro de la plaza. Aquí iban y venían las madres indígenas con sus hijos pequeños atados a sus espaldas o colgados de su regazo, y filas de hijos corriendo tras ellas; iban a la fuene a llenar sus tinajas para llevar el agua que usarían en la noche en su hogar». …