Partido de Benito Juárez: Historia
El origen histórico del partido de Benito Juárez no difiere en mucho del resto de los partidos bonaerenses: constituir una avanzada “civilizadora” en la desigual lucha contra los orgullosos y autónomos habitantes de las pampas, que no se dejaron fácilmente usurpar: los pueblos originarios.
La zona de Juárez, con sus puntos históricos de referencia, “La Tinta” y “San Antonio”, ya se hallaba dentro de la campaña que el gobierno estudiaba con gran interés para incorporarla “a la vida civilizada del país”. “Estos campos constituían una vasta extensión que servía de escenario a los indios pampas y ranqueles, aborígenes que tenían por jefe supremo al célebre cacique Calfulcurá, con su cuartel general en los parajes conocidos como Salinas Grandes”. De allí salían los grandes malones que asolaban (sic) la campaña bonaerense. Fue justamente a la sombra de “La Tinta” (o “San Martín de La Tinta”) donde se desarrolló, en 1820, a sólo 10 años de la Revolución de Mayo, el primer hecho de armas que enfrentó a los pueblos originarios y a los “cristianos”, en el Partido.
1837, Guarnición militar “La Tinta” o “Colonquelú” (nombre reemplazado en cartas modernas por ‘Calangueyú’), que significa, en araucano, “donde hubo otra muerte”. Esta pequeña fuerza estaba al mando del jefe de la Frontera Sur, el coronel Narciso del Valle. Para la historia de Juárez son importantes los Fuertes (y luego los poblados) surgidos en Tandil y en Azul, ya que desde allí llegaron muchísimos pobladores con propósitos de colonizar estas tierras. Surgieron así establecimientos de campo aislados que luego serían ejes de transformaciones políticas y sociales.
Los años 1850 y los que siguieron fueron de honda preocupación para aquellos pioneros, ya que la defensa indígena a la usurpación, asolaba la región con su saldo de pérdidas humanas y económicas. Los hacendados hicieron oír sus voces ante el gobierno provincial y nacional, y este destacó fuerzas en la zona a fin de proteger sus intereses.
1855, nace el “Cantón de San Antonio” en las proximidades de la laguna de ese nombre, que sería protagonista de uno de los más sangrientos enfrentamientos ocurridos en estas pampas.
“El Comandante Nicanor Otamendi, en Azul, a las órdenes del General Manuel Hornos, recibe instrucciones con el fin de repeler la invasión. La columna del Comandante Otamendi sumaba 126 hombres. Apenas empezada la marcha, la caballería cristiana se vio súbitamente flanqueada por ligeras y numerosas partidas de indios que en el trayecto la obstaculizaban sin descanso. Casi acorralado llegó el bravo jefe a la estancia ‘San Antonio de Iraola’. Acosado y acometido, se vio obligado a dar desigual combate. Más de dos mil indios del cacique José María Bulnes Yanquetruz atacaron la madrugada del 13 de septiembre de 1855 a la fuerza de Otamendi. Éste buscó un corral de palo a pique, donde también encerró a la caballada, para no quedar a pie en el desierto (sic). Lucharon bravamente, pero el número impuso la victoria. Allí murieron Otamendi, el segundo jefe Capitán Cayetano Ramos y sus hombres, lanceados. Salvaron la vida uno o dos soldados, según los documentos(...) Existe al respecto información inédita que vincula los resultados desastrosos de la hecatombe a las autoridades de la región, en forma tal que aquella dolorosa acción encierra todavía muchos misterios.” (de JUAREZ en la Historia de Bs. As., por Salvador Romeo). …