Granada (Cundinamarca): Historia
Fecha de fundación: 10 de agosto de 1995
En 1815 la Corona española adjudicó las haciendas de El Charquito, Sibaté y El Soche a un sacerdote español, quien las vendió a don Ignacio Umaña por 25 patacones. Don Ignacio repartió luego a sus hijos Enrique y José Ignacio el latifundio que poseía. Este era un bosque rico en toda variedad de árboles. Solamente en 1857 se hace una medición de las tierras y se reparte el resguardo de indígenas para apoyar a los propietarios en las actividades de explotación de la madera. Los adjudicatarios empiezan a vender sus tierras y en otras designan arrendatarios.
Hacia el año 1900, el propietario de los terrenos de El Soche era el señor Raimundo Umaña. A su fallecimiento, los hereda doña Isabel Lara de Umaña y sus hijos.
En un principio a este lugar se le denominó San Agustín, luego El Triunfo, nombre dado por un Obispo y ante la creación del municipio del Triunfo, Antonio María Pradilla, secretario de Gobierno del gobernador Abelardo Forero Benavides, le dio el nombre de Granada. Era entonces el año de 1938 y se desempeñaba como Inspector de Policía Virgilio Velosa.
Estos terrenos estaban ocupados por campesinos que explotaban la madera y el carbón vegetal pero tenían que pagar por la parte que ocupaban. Don Francisco Flórez, famoso industrial de Cundinamarca, llegó a dirigir la explotación de la madera, y para tal efecto trajo personas de Subachoque, lugar en donde tenía una gran empresa de la misma actividad. De allí vinieron las familias Salgado, Romero y Matiz, entre otras.
Poco a poco el aserrío de madera se fue tecnificando con la traída de máquinas de vapor, transportadas por yuntas de bueyes y ubicadas en sitios estratégicos. Estas máquinas las numeraban y a los sitios se les daba el nombre del número de la máquina que estuviera allí. De aquí el nombre de las veredas de La Veintidós y de La veintitrés (hoy Santa Fe).
Para el año de 1932 ya había una población de aproximadamente 300 habitantes entre quienes se encontraba la familia González, líderes comunitarios y de gran talento intelectual que propiciaron una rebelión de los campesinos, cansados de pagar a los empresarios por el predio que ocupaban, y exigieron a los hacendados la parcelación de sus tierras. Fueron los líderes don Carlos Julio González, don Policarpo Forero, administrador del señor Flórez y don Marcos Simbaqueba. Ellos se asesoraron del joven abogado de 26 años, Carlos Lleras Restrepo quien estaba aspirando a ser diputado de Cundinamarca y les prometió que si salía electo, colaboraría en la parcelación de estas tierras. Fue así como la ordenanza 35 de 1936 autorizó la parcelación de las haciendas de Guasimal, Río seco y del Chocho correspondiente, esta última al municipio de Silvanía. Cada hacienda tenía aproximadamente 1053 fanegadas. Los propietarios vendieron sus tierras al Departamento y este a las familias que ya tenían sus asentamientos en dichos predios. El Secretario de Hacienda Departamental era don Juan Salgar Martín y fue él quien ordenó la parcelación, vendiendo a un centavo la vara de tierra. Algunos no sentaron la escritura porque su costo de $5 era superior al costo del lote. El notario se trasladó a este lugar para hacer las escrituras y por esta razón los costos se aumentaron. …