Alhama de Murcia: Historia
La historia de Alhama de Murcia se vincula estrechamente con los afloramientos de aguas termales. La presencia de estas surgencias junto los recursos naturales que ofrece el fértil valle del Guadalentín propiciaron la existencia de actividad humana desde el periodo eneolítico, en el año 3000 a. C.
A pesar de que Alhama comienza a escribir su historia desde tiempos prehistóricos, no será hasta el siglo I cuando comience a poblarse el emplazamiento actual con las termas, en época romana. Sin embargo, será en época islámica cuando se produzca un aumento de la población, así como un desarrollo de la localidad. De hecho, el término Alhama vendría del árabe Al- hamma, que significa 'el baño termal', recurso natural que será citado en varios escritos por cronistas de la época. Por tanto, romanos y musulmanes aprovecharán la situación estratégica del cerro de Alhama como defensa, las tierras fértiles del valle como lugar de producción, así como las referidas aguas termales.
En 1165 ocurrió en sus proximidades la batalla de Fahs al-Yallab entre las tropas del Imperio almohade, dirigidas por los sayyid Abu Hafs Umar y Abu Saíd Uthmán, y las del rey Muhámmad Ibn Mardanis de la taifa de Murcia, en el contexto de la conquista almohade de la península.
En el siglo XIII, los musulmanes pactaron con los castellanos el tratado de Alcaraz (1243), convirtiendo la taifa de Murcia en un protectorado. Sin embargo, la posterior revuelta mudéjar de 1264-1266 trajo consigo la definitiva conquista de Murcia (1265-1266) por parte de Jaime I de Aragón, tras la cual su yerno, Alfonso X el Sabio, otorgó la villa de Alhama (castillo y términos) al caballero Rodrigo de Villamayor, aunque se reservó el señorío para la corona.
Durante la ocupación aragonesa del reino de Murcia, el rey Jaime II de Aragón consiguió tomar el castillo de Alhama en 1298. Posteriormente, la Sentencia Arbitral de Torrellas (1304) devolvió Alhama y la mayor parte del reino de Murcia a la Corona castellana.
En 1370 aparece en Alhama la familia Fajardo, vinculada a la Orden de Santiago y futuros Adelantados del Reino de Murcia, cuya impronta marcará la localidad durante años. El rey Juan I de Castilla entregó la villa a Alonso Yáñez Fajardo en 1387, recompensándole por sus servicios en la guerra contra Portugal y en la frontera de Granada.
En el siglo XVI la población intentó deshacerse del señorío de la familia Fajardo (que ya entonces contaba con el título de marqués de los Vélez). Uno de los vecinos, Pascual Rubio, se querelló contra Luis Fajardo de la Cueva. Disputa que se resolvió a favor de la villa. En este siglo la localidad vivió un auge poblacional tras el fin de la frontera de Granada.
En el siglo XVIII, los alhameños estuvieron al lado de la Dinastía Borbón en la guerra de sucesión española y ayudaron en la defensa de Cartagena, amenazada por la armada inglesa y neerlandesa.
En el siglo XIX, más concretamente en 1873, la localidad se sumó al Cantón Murciano proclamado el 12 de julio de aquel año en Cartagena en el marco de la sublevación cantonal, constituyendo su respectiva Junta Revolucionaria. Años después, en 1885, el ferrocarril llegó a Alhama gracias a la inauguración de la línea Alcantarilla-Lorca, del que sería el Ferrocarril Murcia-Granada.
Hasta la reforma de la nomenclatura municipal de 1916 el municipio se llamaba simplemente Alhama. En dicha fecha su nombre fue modificado por el de Alhama de Murcia.