Volcán Antuco: Historia
En 1624, el cronista jesuita Diego de Rosales describió por primera vez una erupción en territorio chileno, en el denominado volcán de Angol, que se cree que actualmente corresponde al Antuco. Según Rosales, el fenómeno duró más de ocho días, y estuvo acompañado de espesas nubes de ceniza y grandes emisiones de piedras, azufre y pómez.
El volcán Antuco es históricamente conocido, por cuanto se utilizaba el «paso de Antuco» para traficar diversos productos desde y hacia la pampa argentina, siendo uno de los primeros relatos la travesía de Luis de la Cruz desde Concepción a Buenos Aires en 1806. Este paso adjunto al volcán, conectaba con la laguna Laja que más arriba accedía al valle de Los Pinos, el que permitía cruzar los pasos cordilleranos de Copulhue, Pichachén y Picunleo en dirección al alto Neuquén.
La primera ascensión del Antuco, llevada a cabo en 1829 por el alemán Eduard Poeppig y un arriero chileno anónimo, es considerada el inicio del montañismo en Chile. El propio Poeppig describió una erupción ocurrida la mañana del 18 de diciembre de 1828, cuya espesa y negra columna de cenizas alcanzó 3180 pies (969 metros) de altura sobre el cráter, y se disipó luego de tres horas.
Años después, el naturalista francés Claudio Gay también subió hasta su cumbre. En su Atlas de la historia física y política de Chile, incluyó dos ilustraciones con el Antuco en actividad, una de ellas con fecha 1 de marzo de 1839 y que describió como una «erupción de gas».
En abril de 2005, un grupo de 400 jóvenes ingresó al Regimiento Reforzado n.º 17 "Los Ángeles" en la ciudad homónima para cumplir con el servicio militar obligatorio, la mayoría de los cuales optó por la vía voluntaria. La gran novedad de ese año fue la incorporación, por primera vez en su historia, de un contingente femenino.
Dentro del proceso formativo, la unidad militar trasladó a los conscriptos hacia la zona de Los Barros, al interior de la comuna de Antuco y al noreste del volcán homónimo, en plena cordillera de los Andes.
El 18 de mayo de 2005, dos de las cinco compañías que realizaban su proceso de formación básica, Morteros y Andina, iniciaron la marcha de retorno desde Los Barros hasta el refugio de La Cortina, de veinte kilómetros de extensión. En la víspera, las compañías de Cazadores y de Plana mayor y Logística realizaron la misma marcha.
Sin embargo, aquel día las condiciones atmosféricas empeoraron de manera abrumadora. Los reclutas, sin la indumentaria ni la preparación adecuada, se enfrentaron a una brutal tormenta de viento blanco con temperaturas de hasta −25 °C.
Al mando de la tropa estaba el mayor Patricio Cereceda, quien impartió la orden de marcha. En el proceso judicial, se estableció que no recibió los partes meteorológicos que advertían de un sistema frontal que afectaría a la región.
Los medios de comunicación informaron inicialmente el volcamiento de un camión en la zona cordillerana, con dos soldados fallecidos. Había completo hermetismo del Ejército de Chile, pero si bien se reconoció que los soldados estaban desaparecidos, la información oficial no daba cuenta de víctimas fatales. Los familiares de los uniformados se agolparon en el regimiento en busca de respuestas.
Las comunicaciones del hecho se concentraron en Valdivia, sede de la III División de Montaña, pero la presión ciudadana hizo que el entonces comandante en jefe del Ejército, el general Juan Emilio Cheyre, viajara al día siguiente a Los Ángeles. …