Bojayá: Historia
En la época precolombina, el territorio del actual municipio de Bojayá estuvo habitado por los indígenas Kuna y Emberá. Durante la colonia española, muchos africanos traídos como esclavos a las zonas mineras de Barbacoas, Quibdó, Nóvita, Tadó y Lloró, y en los afluentes de los ríos Atrato y San Juan, huyeron internándose en la selva, en busca de libertad, y algunos se establecieron en la zona de Bojayá. Los primeros asentamientos fundados formalmente por las comunidades afrodescendientes en jurisdicción de Bojayá fueron Buchadó en 1842 y La Boba en 1882. Con la abolición de la esclavitud en Colombia, entre 1851 y 1852, el Estado envía las primeras misiones de justicia, educación y de servicios religiosos a Bojayá. Hasta principios del siglo XX, las comunidades de la región subsistieron gracias a la extracción de la raicilla, la tagua y el caucho. La cabecera municipal: Bellavista, fue fundada en 1946, pero Bojayá solo fue oficialmente un municipio hasta el 12 de diciembre de 1960, mediante Ordenanza n.º 13.
El 2 de mayo del año 2002 fueron masacrados entre 74 y 119 civiles que se refugiaban en el interior de la iglesia de Bojayá, por parte del Bloque 58 del grupo guerrillero Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC-EP), que en ese momento se enfrentaba a las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC), ambos grupos empeñados en mantener el control de la zona y el acceso al río Atrato para el tráfico de drogas. Las FARC-EP perpetraron el ataque mediante la técnica de los "cilindros bomba", o "pipetas". Un porcentaje significativo de los muertos eran menores de edad. Una pipeta cayó también en la casa de las Misioneras Agustinas, pero no llegó a estallar, aunque causó un incendio que dejó calcinadas a 114 personas, y otras 70 no pudieron ser identificadas.
El Derecho Internacional Humanitario (DIH) establece que, los cilindros bomba, y los carros bomba son armas prohibidas, debido a que no logran distinguir entre un combatiente, un civil, o un reportero.