Municipio Sosa: Historia
Gracias a su posición geográfica estratégica, Ciudad de Nutrias se convirtió en un importante nodo de enlace entre la zona barinesa y la antigua provincia de Guayana, lo que favoreció el comercio de ganado, tabaco y otros productos agrícolas.
Según referencias históricas, adquirió el título de ciudad tras el estallido de la Guerra de Independencia. Para el año 1811, ya contaba con ayuntamiento propio, consolidándose como un centro administrativo y comercial de relevancia en la región.
Fue cuna de figuras relevantes como el licenciado Juan Antonio Rodríguez Domínguez, nacido en 1774 y firmante del Acta de la Declaración de Independencia de Venezuela como presidente del Congreso de 1811. También nació allí el general José de la Cruz Paredes (1797), combatiente destacado en campañas junto a José Antonio Páez, partícipe en las Queseras del Medio y en la Batalla de Carabobo.
En su época de esplendor, la ciudad albergó una catedral, un ayuntamiento y residencias de arquitectura colonial, construidas en adobe o ladrillo, con techos de teja, columnas ornamentales y pisos de madera y ladrillo. Estas casas eran habitadas por comerciantes y terratenientes que producían cuero, cacao, añil, caña de azúcar y algodón.
La producción era transportada en carretas y bestias hacia el puerto fluvial de Torunos, capital de Barinas, desde donde los productos eran embarcados hasta el Puerto de Nutrias, donde se trasbordaban a embarcaciones de mayor calado con destino a otras regiones.
Durante el auge comercial, destacó la exportación de plumas de garza, convertida en industria que atrajo a recolectores y comerciantes, quienes navegaban por los ríos en busca de especies como garzas reales, corocoras, paletas rosadas y gallitos de roca.
Este esplendor entró en decadencia debido a factores globales como la Primera Guerra Mundial, la caída de los Zares y del Imperio Austro-Húngaro —principales mercados de plumas—, así como hechos internos como los intentos de derrocar a Juan Vicente Gómez y la aparición del petróleo, que transformó las rutas fluviales en caminos asfaltados y provocó el abandono de las explotaciones agrícolas.
Actualmente, la ciudad conserva vestigios de su pasado colonial. Entre ellos se destacan la Catedral Inmaculada Concepción de María, el edificio colonial de la municipalidad de Sosa y la Biblioteca Francisco Lazo Martí, conformando un modesto pero significativo patrimonio histórico.